martes, 21 de agosto de 2018

Kintsugi

Kintsugi

Los japoneses tienen una tradición, una más de esas que nos sorprende y fascinan a los occidentales por lo imprevisto de su perspectiva. Se llama Kintsuýgi  (carpintería de oro ) o Kintsukuroi (reparación de oro ) y es el arte japonés de arreglar fracturas de cerámica. Consiste en volver a unir los fragmentos de una pieza rota, o que salga con grietas del horno, con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata, platino de manera que el resultado de la intervención quede visible. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.

La delicadeza de la reparación la hace más estética, dotando de un nuevo valor a la pieza cuyas fisuras se ennoblecen con el valor y la resistencia del oro. Las cosas son más bellas por haberse roto, su historia es más rica y ganan valor ante los ojos del que sabe apreciar lo que cuenta ese objeto. Los defectos y las grietas se acentúan y se celebran y convierten en la parte más resistente y más valiosa del mismo. Aunque circulan historias personalizadas sobre el origen de esta practica, en realidad se vincula con el antiguo concepto japonés de Mottainai, un sentimiento de pesar ante el uso inapropiado o el malgasto de un objeto o un recurso. Esta idea no sólo se aplica a los objetos, sino también a la pérdida de tiempo o al desprecio de capacidades o talentos.
Frente al empuje de la novedad y la urgencia por el consumo irrefrenable, se nos presenta esta otra forma de entender la relación con los objetos del mundo.

La  historia del Kintsugi se remonta a finales del siglo XV cuándo el Shogun Ashikaga Yoshimasa envió a China dos de sus tazones de té favoritos para ser reparados. Los tazones volvieron reparados pero con unas feas grapas de metal, que los volvían toscos y desagradables a la vista. El resultado no fue de su agrado así que buscó artesanos japoneses que hicieran una mejor reparación, dando así con una nueva forma de reparar cerámica, convertida en arte. La técnica y arte de dicha forma de encarar la reparación de los objetos fue tan apreciada que algunos llegaron al punto de ser acusados de romper cerámica para luego poderla reparar con dicho método, sobre la base de que la complejidad de la reparación transforma estéticamente la pieza reparada, dándole así un nuevo valor. De esa manera se da el caso de que antiguas piezas reparadas mediante este método sean más valoradas que piezas que nunca se rompieron.